Porque enseño figuras e insisto en que las hagan bien
En esta temporada, como en las anteriores, he insistido fervientemente en mejorar la calidad del baile, en la utilización del cuerpo como instrumento, en la refinación del movimiento. En la atención, cuidado y mimo de las acciones que intervienen en una figura. En cada una de las partes del cuerpo que actúan en ella para crear un todo estético. He impedido que se conformen sólo con idea de sentirse cómodos y coordinados, tratando de conseguir, además, un efecto visual atractivo.
Ahora bien, si el hecho de bailar bien, a nivel individual y en pareja, corresponde a una sensación interna que atañe solamente a los que la producen, ¿Por qué es tan importante que los movimientos respondan a una exigencia de forma tan profunda? Si lo que producimos y necesitamos para disfrutar no requiere de nada más allá de los límites del abrazo ¿Por qué habríamos de cuidar tanto la imagen, como si fuera importante quien la observase?
Es tan difícil realizar un movimiento estéticamente precioso, como explicar para qué sirve, realmente.
Para no caer en incoherencias, e intentando buscar una explicación a lo que hacemos, a ese afán por moverse con la misma soltura e idealización de nuestros sueños, me he tomado el atrevimiento de pensar que los bailarines somos creadores espontáneos de arte. Nuestro lienzo es la pista y nuestras piernas los pinceles. Nuestros movimientos no quedan grabados para siempre ni son exhibidos en ninguna galería, pero permanecen en la retina de los que les gusta observar la estética asociada a un ritmo ¿Acaso no deja el cantante con su voz y el músico con su instrumento, notas suspendidas, instantes de emoción? Si lo que creas es digno de verse, estás moldeando un presente, haces importante el instante. Honras el baile y honras la música. Cuando creas algo bonito, bailas para ti y para el resto del mundo.
El bailarín y bailarina interpretan lo que escuchan y dibujan en el suelo lo que piensan puede ser lo mejor. Ambos con la misma responsabilidad de hacer una cadena de movimientos provista de fluidez y belleza a nivel individual y de pareja. La idea es crear, por un segundo, algo digno de verse. Por esa razón vamos a clase e insistimos en la técnica, intentamos forjar un estilo, y que el resultado sea la representación mental de nuestro cuerpo, lo que hemos idealizado. No neguemos que a todos nos gustaría que las figuras que improvisemos sean dignas de enmarcarse, que nuestros cuerpos parezcan esculpidos, diseñados.
Quien ama el baile, trasciende de su satisfacción personal, fruto de las sensaciones intrínsecas, para regalarse a las miradas. Por eso, es una misión ineludible el intentar buscar la belleza en el movimiento. Y se puede utilizar desde el amor propio por hacer las cosas bien, hasta el placer de acompañar una música intentando estar a la altura de la misma como motivación para, cada día, refinar la línea, la torsión y el detalle caprichoso que imprimimos en cada paso.
En otro texto he mencionado lo siguiente con respecto a si debemos hacer figuras o no cuando bailamos, y por qué las hacemos: “Algunas personas tienen la costumbre de leer libros para tener un léxico más completo e interesante, haciendo la conversación más agradable y amena. Las figuras cumplen la misma función al introducirlas en ese diálogo corporal que es el Tango bailado, encontrando una verdadera satisfacción al entenderse a través del movimiento.
Desde otro punto de vista, así como se le colocan alerones inútiles a los automóviles y puntillas a los manteles, así como tenemos la costumbre de vestirnos de la mejor manera posible y utilizamos complementos a la moda aunque nos acepten vayamos como vayamos, los bailarines adornamos muestro andar con movimientos dignos de ver, hacer y disfrutar. Las figuras bien ejecutadas son estéticamente bonitas por sí solas.”
Entiendo a los profesores que focalizan sus objetivos en que el alumno perciba toda esa carga de emociones que se desprende del abrazo. Comparto completamente esa perspectiva. Pero quiero más. El mero hecho de coordinar y sentirse acoplado a la pareja no es suficiente. Quiero que hablen con ese abrazo, que se tensen como una cuerda, que acentúen los pasos cuando sea necesario, en un todo digno de mirar y admirar. Por eso seguiré insistiendo en la búsqueda de la belleza en cada movimiento. Hasta que, desde un rincón, escondido, no pueda dejar de mirarles.
Quiere tu baile, cuídalo. Memoriza lo que quieras hacer, para no tener que pensar en lo que tienes que hacer. Piensa en lo que dibujas, cierra el círculo, hazte dueño de esa nota, persíguela. Y cuando controles el movimiento, libera las tensiones para que el cuerpo adquiera la fisonomía de la libertad bien entendida en el baile de pareja. Notarás que los tiempos no existen y que todo se vuelve relativo. Se verá distinto, técnicamente impuro. No hay problema. No hay nada más bonito que la imperfección, luego de haber querido buscar afanosamente la perfección. El camino hasta entenderlo se hace largo, a veces. Pero es tan gratificante cuando se llega, que vale la pena intentarlo.
Entendimiento
Vienen cogidos del brazo, discuten a veces hasta hartarse, y luego se van juntitos, cogidos del brazo para casa. Lograr el entendimiento y la paciencia en la pareja después de 40 años entre noviazgo y matrimonio, es muchísimo más difícil que el tango. Está a años luz. El tango es complicado en su entendimiento y asimilación, pero no le hace ni sombra a lo que veo en cada una de las clases, cuando las parejas desfilan mostrándome su capacidad para lograr algo que al menos yo, no he podido conseguir. Yo les doy lecciones de tango. Ellos me dan lecciones de vida.
LA CAMINATA
“A los 12 años sabia dibujar como Rafael, pero necesite toda una vida para aprender a pintar como un niño”.
Pablo Picasso
El caminar de frente con la pareja, y tener la capacidad de transmitir, jugar, interpretar y no solo de coordinar, muestra en el bailarín un cierto grado de maduración en el tango.
Pese a su importancia, es difícil trabajar este concepto durante ratos extensos de clase en estadios tempranos de aprendizaje. Los alumnos están sedientos de conocimiento, y quieren materializar contenidos. El caminar hacia adelante se presenta como una actividad sin atractivo y sin demasiado sentido para el principiante. Por eso es que, aunque no se logre una perfecta caminata al comienzo del aprendizaje, se comienza a enseñar figuras y desplazamientos.
1-¿Por qué las figuras, si es tan importante caminar?
Las figuras son atractivas y mantienen despierto el gusto por el baile al probar las diferentes posibilidades de movimiento, al poner a prueba el compromiso y la coordinación del cuerpo en un todo estético y definido. Así también, encierran conceptos técnicos referentes a la postura, los apoyos, las formas de dirigir, el manejo de las intensidades, etc., que más tarde influirán en el manejo del cuerpo en general, y obviamente, en el caminar, ya que para esto, también se necesita la adquisición de contenidos técnicos. En resumen, con las figuras aumentamos los recursos estéticos de este baile, a la vez que vemos la técnica de manera divertida (por eso se comete un error cuando se enseña una figura a un alumno para que se divierta sin hacer hincapié en los detalles técnicos que encierra).
Incluimos la caminata como nexo entre las diferentes figuras, aunque sin darse cuenta, están trabajando poco a poco la técnica del caminar.
2-Se pasa por distintos profesores, estilos, figuras y milongas. A lo largo de ese camino de disfrute y aprendizaje, además del proceso paulatino de incorporación técnica y diversidad de contenidos, sucede algo que solo se logra con el tiempo y la práctica: el cuerpo madura en tango, se va aggiornando. Las caderas basculan lo necesario, se adquiere mayor tranquilidad y seguridad en los movimientos, mayor coordinación corporal y complicidad con respecto a la pareja. La situación del centro de gravedad, la parte del pie que entra en contacto con el suelo, la conexión cuerpo-pierna para avisar a la pareja las distintas intensidades, la utilización del mismo en función del ritmo…el cuerpo en sí, se predispone cada vez más rápido para cada situación.
3-Por otro lado, paralelo a todo esto, aparte de todo el repertorio de figuras y desplazamientos, de los juegos y quiebres, aprendemos a reconocer lo importante: nos queda el caminar, como la dinámica que más nos permite conectarnos con la pareja. El puente de acceso al entendimiento real. Por más figuras que se ejecuten, la verdadera conexión resulta evidente en la caminata.
Nos puede parecer que todas las figuras que aprendimos son contenidos sin importancia, superficiales y con el solo objetivo de distraernos. Sin embargo, tal vez tengamos que recorrer ese camino para encontrarle sentido a la dinámica del caminar, para detenerse a sentir esa conexión.
Por más que un alumno practique y practique, no podrá quemar etapas. La pisada en la caminata de un bailarín que tiene 3 meses de baile no se acercará a la técnica, seguridad y tranquilidad del que lleva 5 años. Y ni hablar de las sensaciones que le provoque. Y eso no es por otra cosa que por la experiencia, las variedades y repeticiones de cada paso en una clase o en una milonga.
En definitiva, comenzamos nuestra primera clase de tango aprendiendo a caminar. Tanto recorrido para terminar en lo mismo. Pero hay que leer entre líneas e intentar comprender que tal vez no lleguemos a ese punto de maduración sin un bagaje de experiencias que nos brinden, al final, la fluidez de movimientos necesaria, la llave maestra a la seguridad plena a la hora de dominar este baile.
A los pocos meses de aprendizaje, sabemos hacer un montón de figuras. Tardamos muchos años en aprender a caminar con soltura y decisión, y en encontrar el sentido que encierra este contenido. Sencillo, minimalista, pero cargado de un profundo significado.
Guillermo Alvarez
Feo, lindo. Malo, bueno.
Pero cabe diferenciar el movimiento que está mal hecho, del que no goza de la estética suficiente como para considerarse bonito. Puede ser correcta la ejecución de un desplazamiento o de una figura que respeta las normas, la lógica y la posición de las distintas partes del cuerpo en cada situación, sin que se note la belleza estética en la consecución de los movimientos (y a veces, los movimientos de algunos bailarines, sin poseer una técnica perfecta, son agradables a la vista y en el hacer. Existen habilidades propias, naturales, aparte de los que se aprende en clase, con las que se logra un todo estético aceptable y bonito sin rendir cuentas a los parámetros técnicos habituales).
Técnicamente hablando, el movimiento de un principiante puede ser considerado hasta torpe, pero puede conservar la característica de bien ejecutado. No se puede exigir de un alumno que lleva pocas semanas practicando Tango a que nos deslumbre con su baile. Sin embargo, puede no equivocarse y hacer un movimiento correcto.
Un cruce hacia adelante, hasta que se logra realizar con una buena flexión-extensión de pierna, basculación de cadera, disociación corporal, verdadero deslizamiento del pie, suavidad en el momento del apoyo, puede pasar mucho tiempo. Pero es posible considerarlo correcto desde el inicio si se gira adecuadamente y aterriza con los apoyos en el lugar indicado. Los profesores somos los que tenemos la idea clara acerca de la amplitud de movimiento necesaria y los limites de los mismos para determinar si es una buena ejecución o no.
Las figuras que se presentan al alumno son cada vez más complejas. El nivel de la clase está determinado por esas mismas figuras. Pero la ejecución de los movimientos que la conforman, es decir, los cruces hacia atrás, adelante, aperturas, y movimientos definidos como boleas, ganchos y planeos, tienen una evolución paralela, por lo cual, existe una doble vara de medir: Una, que mide el grado de complejidad de las figuras que se ven en clase. Otra, que mide el grado de perfección de los movimientos básicos que las conforman
Si se enseña una figura a un grupo que tiene 3 meses de práctica. Está claro que adquirirán el contenido y se podrán hacer con la figura, aunque sus cruces y aperturas, incluso la fluidez de movimientos, no sea la perfecta. Existe una exigencia de nivel determinado por la figura que se enseña y otra, en la realización de los movimientos que la conforman. La figura puede estar bien hecha aunque, por el momento, no se vea bonita estéticamente, ya que, los componentes que la conforman no tienen la madurez necesaria para aportar la tranquilidad y la sensación de seguridad en su ejecución.
A un grupo que tiene 2 años de práctica, se le recuerda una figura sencilla o se le enseña una más compleja. La exigencia en la ejecución de los cruces y aperturas será mayor. Es necesario que aparte de ejecutarse bien la figura, se le exija la técnica en cada movimiento de manera que, estéticamente, quede aceptable. Dependiendo de la cantidad de tiempo de práctica que lleve el alumno, es la exigencia por parte de profesor. Cuanto más tiempo de práctica, mayor es la exigencia en cuanto a belleza de la ejecución. Existen otras variables que condicionan la vara de medir: las posibilidades del alumno, los estímulos semanales de clase, la frecuencia con la que acude a la milonga, etc.
En cuanto a la evolución de los movimientos definidos utilizados en el Tango, los ejercicios de técnica en forma aislada son tediosos como necesarios. Es posible practicar la técnica a través de figuras y desplazamientos, siempre y cuando se imponga la rigurosidad de los detalles en los puntos claves de los movimientos en general. Es decir: si se practica la técnica a través de figuras para que resulte más ameno, no dejar que la figura en sí, nos absorba la atención de manera que nos olvidemos de los detalles de los componentes que la conforman. O sea, evitar que los arboles no nos dejen ver el bosque.
Guillermo Alvarez
EL TANGO, COMO LA VIDA, ES UNA CARRERA DE FONDO
Los que entraron después de ver una película para saltar por los aires y vivir su sueño y tener su propia estrella, abandonan cuando el tango se les presenta algo aburrido y carente de encanto, al no abordar contenidos como ganchos ni movimientos espectaculares en las primeras clases.
Los que entraron porque pensaban que era una materia pendiente que tenían en su lista de cosas que hacer en su vida, lo dejarán cuando hayan pasado algunos meses.
Los que soñaron que el día de mañana haría una coreografía de tango en un escenario, lo dejaran cuando se les presente la oportunidad de presentarlo en las fiestas de su pueblo.
Los que entraron para obtener más protagonismo, lo dejarán cuando se les presente otra actividad donde consigan aún más.
Los que entraron pensando que la pasión se les iba a despertar apenas entren en la sala, dejarán después de un tiempo, cuando sin darse cuenta de que la pasión es un proceso interno que no se busca, no llega a florecer.
Los que entraron porque sus amigos bailaban tango, dejarán cuando estos no puedan continuar.
Los que entraron por cualquier motivo, y se dieron cuenta de que la sensación de flotar, de que la complicidad de pareja puede ser plena, de que en ningún baile como este se llega a un umbral tan alto de creatividad, pasando por encima de la belleza estética, las luces, los flashes, etc. Ellos, se quedarán.
LAS EDADES DEL TANGO
Comenzamos, infantiles, teniendo poca idea, o ninguna, y acatando los dictámenes de nuestros profesores como si de leyes divinas se tratase. Cruzamos donde nos dicen, nos abrazamos y marcamos tal cual nos lo enseñan. Si nos dicen que nos tiremos de un puente, lo hacemos. Somos fieles y defendemos sus ideas aunque carezcan de lógica. Nos tienen encandilados y nos llevan de la mano a las primeras milongas. Seguimos sus consejos, compramos los zapatos que nos recomiendan y escuchamos atentamente los códigos de la milonga. Generalmente nos portamos bien. Y cuando pensamos que cometemos un error, nos sonrojamos pensando en que todo el mundo nos está mirando, delirio persecutorio que nos acompaña durante un buen tiempo. El primer día en la milonga nos quedamos sentados, y cuando salimos a bailar la primera vez, nos puede llegar a caer la gota de sudor aunque estemos en pleno invierno. Todo es nuevo. Y todo nos llena de ilusión. Desde el primer par de zapatos de tango que estrenamos hasta el primer viaje que hacemos con el grupo de clase.
Pasamos por una etapa de pubertad y adolescencia, donde nos volvemos un poco contestatarios. Devoramos todo material tanguero y comenzamos a replicar las teorías. A preguntarnos el porqué de todo lo que hacemos. Nos independizamos de nuestros profesores de siempre para buscar nuevos horizontes y nuevos retos. Un viaje a un congreso, una exhibición furtiva, una clase que damos. Creemos que sabemos mucho y en realidad sabemos poco. La inocencia y el desconocimiento nos permiten hacer de todo.
Adquirimos figuras novedosas y movimientos fuertes y acrobáticos. Nos hacemos una idea propia del tango. Incluso, nos apropiamos un poco de él. Lo hacemos un poco a nuestra medida. Vamos a todas las milongas habidas y por haber, y bailamos con todos/as.
Se vive el tango un poco deprisa, y tejemos algunas historias con gente de la milonga. Es una etapa que deja muchos recuerdos
Llegamos luego a una etapa de madurez y de conciencia, donde reflexionamos y nos damos cuenta de que en realidad sabemos poco, aunque tengamos mucho andado y aprendido. Nos volvemos más responsables y cuidadosos con la postura, la elegancia, el hacer sentir bien a la pareja. Hemos hecho nuestra selección natural de figuras y disfrutamos más con ellas. Nos detenemos a apreciar momentos específicos de la música y buscamos recursos acordes con la intensidad justa. Nos parece superficial la búsqueda constante de movimientos estrambóticos. Queremos tener la sensación de que somos correspondidos en nuestro baile, que la imaginación se pone en marcha para sorprender a la pareja, que somos auténticos y originales.
El paso avanza a medida que la pierna y nos deslizamos casi sin levantar la punta del zapato. Ya no se sufre buscando la forma justa del abrazo porque nos acomodamos con más rapidez a las parejas con las que bailamos. Así también, detectamos enseguida quién sabe apilarse y quién no. No se tiene tanta paciencia como al principio y se elige con quien bailar. Se aprende a decir que no y a buscar bailar con quien se siente uno más cómodo/a.
Conocemos mejor la música, y captamos los matices. El cuerpo, inteligente, interpreta los altibajos, los tiempos fuertes y los silencios.
Todo para llegar a una etapa donde la sencillez cobra muchísimo sentido. La complicidad con la pareja, el andar pausado. No nos importa demasiado el qué dirán. Nos gustan los silencios. No comprendemos a los adolescentes, que quieren aprender figuras de la forma más rápida posible. Nos importa más el caminar hacia adelante y lograr la verdadera conexión antes que una figura. Ajenos a los que nos rodea, nos encapsulamos en el abrazo y escuchamos la música. Andamos confiados, como peces en el agua. La milonga se convirtió en nuestro hábitat natural. Y nuestra seguridad, se pone de manifiesto en la firmeza en la pista, sin darnos cuenta: en el pisar, en la entereza, en la inteligencia en la búsqueda y utilización del espacio.
Hemos acomodado el cuerpo y los músculos no van a moverse más que lo estrictamente necesario. La técnica se ha instalado y ha venido para quedarse.
Sin darnos cuenta, el camino a la milonga se podría hacer con los ojos cerrados. La bolsita con los zapatos de tango nos esperan colgados en el armario, o en el maletero del coche, sabiendo que no vas a faltar a la cita semanal.
Andamos tanto camino para llegar al principio. Comenzamos la primer clase caminando hacia adelante con la compañera, y terminamos encontrando el sentido de todo esto, después de tantas figuras y desplazamientos, en la misma idea.
SOMOS INSIGNIFICANTES
Pero nos podemos confundir, al poseer de forma súbita la información, y pensar que somos capaces de comprender y de absorber tanto cumulo de datos, con solo tener acceso a ella.
Tener acceso al mundo y a la información a través de internet, de CDs o libros no significa que comprendamos esa información. La globalización nos acerca, no nos exime del proceso de indagar y aprender.
Ante la impotencia de poder abarcar tanta información, algunas personas se vuelven dogmaticas y quieren simplificar el mundo, en el afán de entenderlo. “Esto es así o asá”, “de esta manera o de otra”, “esto es lo bueno y esto lo malo”, “esto es lo verdadero”, “esto es lo autentico”.
Cuando uno comienza una actividad cualquiera para aprender, se tiene el deseo de abarcar la disciplina que se está practicando. Se pretende entender y comprender la información que se imparte en un tiempo razonable. Depende de la cantidad de horas que se le dedica a la actividad y de la calidad de los profesores.
Existe un tercer factor: el nivel de madurez en la actividad. Algo que se consigue solo con el tiempo y la práctica.
Se requiere tiempo y paciencia para poder avanzar en el aprendizaje, dependiendo también de las dos variables anunciadas anteriormente.
A veces, las disciplinas que uno intenta aprender, suelen ser tan grandes que no se pueden abarcar en pocas lecciones o en pocos meses…o en pocos años.
Cuando nos encontramos con un género musical como el Tango, y se convierte en una actividad que nos llega a gustar, y a apasionarnos, intentamos introducirnos en sus galerías. Intentamos mimetizarnos con su magia. Queremos conocer sus secretos.
Pero a veces, el caprichoso deseo de poder acaparar la realidad hace querer simplificar lo que vemos. Intentar minimizar lo más posible las variantes que existen de la disciplina para que, a vuelo de pájaro, comprender la naturaleza, los contenidos, sus clasificaciones, etc.
Con el Tango sucede lo mismo que con todas las actividades. Los alumnos que comienzan a bailar, tienen el justificado hambre de aprendizaje y necesidad de comprensión para tener lo que comúnmente se llama “idea clara” de la actividad.
Hasta ahí, todo perfecto y comprensible. Pero a veces, algunas disciplinas son más grandes de lo que nos pensamos. Que representan cosas que tal vez ni imaginamos. Y en el caso del tango, representa mucho más que un simple cumulo de figuras.
El tango representa tiempo (época), un lugar, una situación, una cultura, gente, una cadencia al andar, sentimientos, un carácter propio, un estado de ánimo, una idiosincrasia, etc. Demasiadas cosas. No voy a ser yo el que delimite en palabras lo que significa el Tango.
Haciendo referencia al carácter dogmatico que adoptan aquellos que sienten la impotencia de poder abarcar todo lo que implica y significa un fenómeno a nivel mundial como el Tango, tienden a simplificarlo lo más posible, negando desde su magnitud, pasando por clasificarlo y rotularlo a base de definiciones, o directamente, negando hasta su origen.
Es tan difícil pretender simplificar al Tango en pocas palabras o en esquemas de movimientos, como pretender despojarlo de sus raíces y aislarlo de todo lo que lleva, de forma implícita, consigo.
Tantas canciones, tantas letras, tantas orquestas, tantos estilos, figuras, sistemas, espectáculos, músicos, cantantes, cada tango que suena en las infinitas milongas del mundo, tantas historias que nacen y mueren entre hombres y mujeres…
Lo único que podemos hacer frente a tamaña magnitud es sentirnos insignificantes, y aceptar de que el Tango es de por sí, más grande de lo que podemos imaginar.
Tener años de aprendizaje, por más horas que uno se comprometa con la actividad, hace imposible abarcar las realidades del tango en su totalidad, por todo lo que implica.
Así también, no se puede olvidar el origen ni los actores que dieron nacimiento a este género, ni a los pilares que lo sostuvieron y sostienen a lo largo de las décadas.
Existe una rapidez irritante a la hora de emitir juicios con respecto al continente y contenido del Tango.
Formas de acotar al tango:
1 - Existen profesores, bailarines, a los cuales no les salen determinadas figuras, o no les gustan, o no se adaptan a su estilo, o no tuvieron la paciencia necesaria como para incorporarlas a su baile. Entonces optan por delimitar el baile alegando que practicar esas figuras no entran en lo que denominamos tango (Ej.: Hay mucho profesores que no enseñan los ganchos diciendo que eso no forma parte del autentico tango).
Cuando son profesores los que adoptan esta postura, hace que los alumnos mantengan esa misma teoría excluyente con algunos pasos, figuras o variantes que no les caiga simpático o que no les salga.
2 - Con respecto al baile, como profesor y bailarín, ya tiré la toalla hace años, al comprobar que me era imposible intentar ordenar y clasificar lo inclasificable: la imaginación.
Cuando quería tener las ideas más claras, y tener los contenidos amarrados para poder controlarlos, se me abrían puertas constantemente, con nuevas variantes y posibilidades, sorprendiéndome a cada momento.
Imposible subestimar la capacidad, ya no de un profesor, sino de un alumno, de inventarse distintas variantes porque a su mente se le abrió una ventana con la posibilidad que como profesor no la había computado.
3 - Hace un tiempo, leí en un pasquín informativo de Tango, a un personaje vasco que decía que el tango ya había dejado de ser argentino. Lamentamos que el tango no haya nacido a la vuelta de su casa. Pero negar que el tango haya nacido en el Rio de La Plata, y negar que encierra en su esencia lo que mujeres y hombres de esa época dieron a nacer, y que sus letras hablen de sus sentimientos, de sus penas, de sus vicisitudes, de sus personajes, y, por sobre todas las cosas, negar que el tango, que ha evolucionado de manera espectacular en los ultimos 20 años, sigue hablando del movimiento, del andar, del carácter del argentino de hoy, es querer negar una característica innata de un género musical y una danza que es la expresión propia de una cultura, inestable política y socialmente, de una historia turbulenta, pero de una cultura al fin y no de otra.
No es por sacar el orgullo nacional ni por henchir el pecho e izar la bandera. Pero se corre el riesgo de comprender aún menos al Tango como fenómeno si se le excluye su condición de haber nacido en un lugar y en circunstancias determinadas.
Es cierto que el tango ha dejado de ser exclusivo de los argentinos, pero eso desde hace mucho tiempo. Casi desde que existe ya había cruzado las fronteras encandilando a muchísima gente en el exterior.
4 – Existen numerosas -e ingeniosas- frases que definen al tango en pocas palabras.
“Es un sentimiento que se baila”
“Es la expresión vertical de un deseo horizontal”
Pero son…eso: frases. Por más que inventen, no creo que puedan encontrar una frase que abarque lo que el Tango representa en su totalidad. Lo digo por los que se memorizan una de esta frases a modo de titular, para, a partir de allí centrar su razonamiento, y creer que se encontró la clave de su encanto, la llave magistral de todos sus secretos. No creo que haya frase que pueda sintetizar lo que, física y emocionalmente, sienten las personas al interpretar el Tango, en cualquiera de sus facetas.
Triste, aquellos que piensan que el tango no les tiene preparada una sorpresa.
Triste, aquellos que se creen la autoridad moral del tango solo por haber entrado en este mundo y haber ahondado un poco en sus contenidos.
Triste, aquellos que sienten impotencia porque no pueden aceptar que el Tango es demasiado grande para abarcarlo en su totalidad, cuando realmente, no es necesario.