miércoles, 19 de agosto de 2009

LA CAMINATA

“A los 12 años sabia dibujar como Rafael, pero necesite toda una vida para aprender a pintar como un niño”.

Pablo Picasso

El caminar de frente con la pareja, y tener la capacidad de transmitir, jugar, interpretar y no solo de coordinar, muestra en el bailarín un cierto grado de maduración en el tango.

Pese a su importancia, es difícil trabajar este concepto durante ratos extensos de clase en estadios tempranos de aprendizaje. Los alumnos están sedientos de conocimiento, y quieren materializar contenidos. El caminar hacia adelante se presenta como una actividad sin atractivo y sin demasiado sentido para el principiante. Por eso es que, aunque no se logre una perfecta caminata al comienzo del aprendizaje, se comienza a enseñar figuras y desplazamientos.

1-¿Por qué las figuras, si es tan importante caminar?

Las figuras son atractivas y mantienen despierto el gusto por el baile al probar las diferentes posibilidades de movimiento, al poner a prueba el compromiso y la coordinación del cuerpo en un todo estético y definido. Así también, encierran conceptos técnicos referentes a la postura, los apoyos, las formas de dirigir, el manejo de las intensidades, etc., que más tarde influirán en el manejo del cuerpo en general, y obviamente, en el caminar, ya que para esto, también se necesita la adquisición de contenidos técnicos. En resumen, con las figuras aumentamos los recursos estéticos de este baile, a la vez que vemos la técnica de manera divertida (por eso se comete un error cuando se enseña una figura a un alumno para que se divierta sin hacer hincapié en los detalles técnicos que encierra).

Incluimos la caminata como nexo entre las diferentes figuras, aunque sin darse cuenta, están trabajando poco a poco la técnica del caminar.

2-Se pasa por distintos profesores, estilos, figuras y milongas. A lo largo de ese camino de disfrute y aprendizaje, además del proceso paulatino de incorporación técnica y diversidad de contenidos, sucede algo que solo se logra con el tiempo y la práctica: el cuerpo madura en tango, se va aggiornando. Las caderas basculan lo necesario, se adquiere mayor tranquilidad y seguridad en los movimientos, mayor coordinación corporal y complicidad con respecto a la pareja. La situación del centro de gravedad, la parte del pie que entra en contacto con el suelo, la conexión cuerpo-pierna para avisar a la pareja las distintas intensidades, la utilización del mismo en función del ritmo…el cuerpo en sí, se predispone cada vez más rápido para cada situación.

3-Por otro lado, paralelo a todo esto, aparte de todo el repertorio de figuras y desplazamientos, de los juegos y quiebres, aprendemos a reconocer lo importante: nos queda el caminar, como la dinámica que más nos permite conectarnos con la pareja. El puente de acceso al entendimiento real. Por más figuras que se ejecuten, la verdadera conexión resulta evidente en la caminata.

Nos puede parecer que todas las figuras que aprendimos son contenidos sin importancia, superficiales y con el solo objetivo de distraernos. Sin embargo, tal vez tengamos que recorrer ese camino para encontrarle sentido a la dinámica del caminar, para detenerse a sentir esa conexión.

Por más que un alumno practique y practique, no podrá quemar etapas. La pisada en la caminata de un bailarín que tiene 3 meses de baile no se acercará a la técnica, seguridad y tranquilidad del que lleva 5 años. Y ni hablar de las sensaciones que le provoque. Y eso no es por otra cosa que por la experiencia, las variedades y repeticiones de cada paso en una clase o en una milonga.

En definitiva, comenzamos nuestra primera clase de tango aprendiendo a caminar. Tanto recorrido para terminar en lo mismo. Pero hay que leer entre líneas e intentar comprender que tal vez no lleguemos a ese punto de maduración sin un bagaje de experiencias que nos brinden, al final, la fluidez de movimientos necesaria, la llave maestra a la seguridad plena a la hora de dominar este baile.

A los pocos meses de aprendizaje, sabemos hacer un montón de figuras. Tardamos muchos años en aprender a caminar con soltura y decisión, y en encontrar el sentido que encierra este contenido. Sencillo, minimalista, pero cargado de un profundo significado.

Guillermo Alvarez

sábado, 11 de julio de 2009

Feo, lindo. Malo, bueno.

El Tango, como baile, es exigente en la colocación de los apoyos, en el perfil que adoptan los mismos, en la comunicación con la pareja y en la actitud del cuerpo en general. Cinco o diez centímetros más allá o acá en la colocación de los apoyos ya dan muestras de un equívoco en la ejecución de los movimientos. En el Tango hay poco margen de error, o es más difícil solaparlos. Por eso la complejidad del Tango desde el inicio del aprendizaje: exigirá del alumno una predisposición y atención más comprometida que en otros bailes.
Pero cabe diferenciar el movimiento que está mal hecho, del que no goza de la estética suficiente como para considerarse bonito. Puede ser correcta la ejecución de un desplazamiento o de una figura que respeta las normas, la lógica y la posición de las distintas partes del cuerpo en cada situación, sin que se note la belleza estética en la consecución de los movimientos (y a veces, los movimientos de algunos bailarines, sin poseer una técnica perfecta, son agradables a la vista y en el hacer. Existen habilidades propias, naturales, aparte de los que se aprende en clase, con las que se logra un todo estético aceptable y bonito sin rendir cuentas a los parámetros técnicos habituales).
Técnicamente hablando, el movimiento de un principiante puede ser considerado hasta torpe, pero puede conservar la característica de bien ejecutado. No se puede exigir de un alumno que lleva pocas semanas practicando Tango a que nos deslumbre con su baile. Sin embargo, puede no equivocarse y hacer un movimiento correcto.
Un cruce hacia adelante, hasta que se logra realizar con una buena flexión-extensión de pierna, basculación de cadera, disociación corporal, verdadero deslizamiento del pie, suavidad en el momento del apoyo, puede pasar mucho tiempo. Pero es posible considerarlo correcto desde el inicio si se gira adecuadamente y aterriza con los apoyos en el lugar indicado. Los profesores somos los que tenemos la idea clara acerca de la amplitud de movimiento necesaria y los limites de los mismos para determinar si es una buena ejecución o no.
Las figuras que se presentan al alumno son cada vez más complejas. El nivel de la clase está determinado por esas mismas figuras. Pero la ejecución de los movimientos que la conforman, es decir, los cruces hacia atrás, adelante, aperturas, y movimientos definidos como boleas, ganchos y planeos, tienen una evolución paralela, por lo cual, existe una doble vara de medir: Una, que mide el grado de complejidad de las figuras que se ven en clase. Otra, que mide el grado de perfección de los movimientos básicos que las conforman
Si se enseña una figura a un grupo que tiene 3 meses de práctica. Está claro que adquirirán el contenido y se podrán hacer con la figura, aunque sus cruces y aperturas, incluso la fluidez de movimientos, no sea la perfecta. Existe una exigencia de nivel determinado por la figura que se enseña y otra, en la realización de los movimientos que la conforman. La figura puede estar bien hecha aunque, por el momento, no se vea bonita estéticamente, ya que, los componentes que la conforman no tienen la madurez necesaria para aportar la tranquilidad y la sensación de seguridad en su ejecución.
A un grupo que tiene 2 años de práctica, se le recuerda una figura sencilla o se le enseña una más compleja. La exigencia en la ejecución de los cruces y aperturas será mayor. Es necesario que aparte de ejecutarse bien la figura, se le exija la técnica en cada movimiento de manera que, estéticamente, quede aceptable. Dependiendo de la cantidad de tiempo de práctica que lleve el alumno, es la exigencia por parte de profesor. Cuanto más tiempo de práctica, mayor es la exigencia en cuanto a belleza de la ejecución. Existen otras variables que condicionan la vara de medir: las posibilidades del alumno, los estímulos semanales de clase, la frecuencia con la que acude a la milonga, etc.
En cuanto a la evolución de los movimientos definidos utilizados en el Tango, los ejercicios de técnica en forma aislada son tediosos como necesarios. Es posible practicar la técnica a través de figuras y desplazamientos, siempre y cuando se imponga la rigurosidad de los detalles en los puntos claves de los movimientos en general. Es decir: si se practica la técnica a través de figuras para que resulte más ameno, no dejar que la figura en sí, nos absorba la atención de manera que nos olvidemos de los detalles de los componentes que la conforman. O sea, evitar que los arboles no nos dejen ver el bosque.

Guillermo Alvarez
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lunes, 6 de julio de 2009

EL TANGO, COMO LA VIDA, ES UNA CARRERA DE FONDO

Los que entraron a buscar pareja, dejan cuando la encuentran.
Los que entraron después de ver una película para saltar por los aires y vivir su sueño y tener su propia estrella, abandonan cuando el tango se les presenta algo aburrido y carente de encanto, al no abordar contenidos como ganchos ni movimientos espectaculares en las primeras clases.
Los que entraron porque pensaban que era una materia pendiente que tenían en su lista de cosas que hacer en su vida, lo dejarán cuando hayan pasado algunos meses.
Los que soñaron que el día de mañana haría una coreografía de tango en un escenario, lo dejaran cuando se les presente la oportunidad de presentarlo en las fiestas de su pueblo.
Los que entraron para obtener más protagonismo, lo dejarán cuando se les presente otra actividad donde consigan aún más.
Los que entraron pensando que la pasión se les iba a despertar apenas entren en la sala, dejarán después de un tiempo, cuando sin darse cuenta de que la pasión es un proceso interno que no se busca, no llega a florecer.
Los que entraron porque sus amigos bailaban tango, dejarán cuando estos no puedan continuar.
Los que entraron por cualquier motivo, y se dieron cuenta de que la sensación de flotar, de que la complicidad de pareja puede ser plena, de que en ningún baile como este se llega a un umbral tan alto de creatividad, pasando por encima de la belleza estética, las luces, los flashes, etc. Ellos, se quedarán.

Guillermo Alvarez

sábado, 14 de marzo de 2009

LAS EDADES DEL TANGO

(No correlacionada con la edad real de las personas)

Comenzamos, infantiles, teniendo poca idea, o ninguna, y acatando los dictámenes de nuestros profesores como si de leyes divinas se tratase. Cruzamos donde nos dicen, nos abrazamos y marcamos tal cual nos lo enseñan. Si nos dicen que nos tiremos de un puente, lo hacemos. Somos fieles y defendemos sus ideas aunque carezcan de lógica. Nos tienen encandilados y nos llevan de la mano a las primeras milongas. Seguimos sus consejos, compramos los zapatos que nos recomiendan y escuchamos atentamente los códigos de la milonga. Generalmente nos portamos bien. Y cuando pensamos que cometemos un error, nos sonrojamos pensando en que todo el mundo nos está mirando, delirio persecutorio que nos acompaña durante un buen tiempo. El primer día en la milonga nos quedamos sentados, y cuando salimos a bailar la primera vez, nos puede llegar a caer la gota de sudor aunque estemos en pleno invierno. Todo es nuevo. Y todo nos llena de ilusión. Desde el primer par de zapatos de tango que estrenamos hasta el primer viaje que hacemos con el grupo de clase.

Pasamos por una etapa de pubertad y adolescencia, donde nos volvemos un poco contestatarios. Devoramos todo material tanguero y comenzamos a replicar las teorías. A preguntarnos el porqué de todo lo que hacemos. Nos independizamos de nuestros profesores de siempre para buscar nuevos horizontes y nuevos retos. Un viaje a un congreso, una exhibición furtiva, una clase que damos. Creemos que sabemos mucho y en realidad sabemos poco. La inocencia y el desconocimiento nos permiten hacer de todo.
Adquirimos figuras novedosas y movimientos fuertes y acrobáticos. Nos hacemos una idea propia del tango. Incluso, nos apropiamos un poco de él. Lo hacemos un poco a nuestra medida. Vamos a todas las milongas habidas y por haber, y bailamos con todos/as.
Se vive el tango un poco deprisa, y tejemos algunas historias con gente de la milonga. Es una etapa que deja muchos recuerdos

Llegamos luego a una etapa de madurez y de conciencia, donde reflexionamos y nos damos cuenta de que en realidad sabemos poco, aunque tengamos mucho andado y aprendido. Nos volvemos más responsables y cuidadosos con la postura, la elegancia, el hacer sentir bien a la pareja. Hemos hecho nuestra selección natural de figuras y disfrutamos más con ellas. Nos detenemos a apreciar momentos específicos de la música y buscamos recursos acordes con la intensidad justa. Nos parece superficial la búsqueda constante de movimientos estrambóticos. Queremos tener la sensación de que somos correspondidos en nuestro baile, que la imaginación se pone en marcha para sorprender a la pareja, que somos auténticos y originales.
El paso avanza a medida que la pierna y nos deslizamos casi sin levantar la punta del zapato. Ya no se sufre buscando la forma justa del abrazo porque nos acomodamos con más rapidez a las parejas con las que bailamos. Así también, detectamos enseguida quién sabe apilarse y quién no. No se tiene tanta paciencia como al principio y se elige con quien bailar. Se aprende a decir que no y a buscar bailar con quien se siente uno más cómodo/a.
Conocemos mejor la música, y captamos los matices. El cuerpo, inteligente, interpreta los altibajos, los tiempos fuertes y los silencios.

Todo para llegar a una etapa donde la sencillez cobra muchísimo sentido. La complicidad con la pareja, el andar pausado. No nos importa demasiado el qué dirán. Nos gustan los silencios. No comprendemos a los adolescentes, que quieren aprender figuras de la forma más rápida posible. Nos importa más el caminar hacia adelante y lograr la verdadera conexión antes que una figura. Ajenos a los que nos rodea, nos encapsulamos en el abrazo y escuchamos la música. Andamos confiados, como peces en el agua. La milonga se convirtió en nuestro hábitat natural. Y nuestra seguridad, se pone de manifiesto en la firmeza en la pista, sin darnos cuenta: en el pisar, en la entereza, en la inteligencia en la búsqueda y utilización del espacio.
Hemos acomodado el cuerpo y los músculos no van a moverse más que lo estrictamente necesario. La técnica se ha instalado y ha venido para quedarse.
Sin darnos cuenta, el camino a la milonga se podría hacer con los ojos cerrados. La bolsita con los zapatos de tango nos esperan colgados en el armario, o en el maletero del coche, sabiendo que no vas a faltar a la cita semanal.
Andamos tanto camino para llegar al principio. Comenzamos la primer clase caminando hacia adelante con la compañera, y terminamos encontrando el sentido de todo esto, después de tantas figuras y desplazamientos, en la misma idea.

domingo, 28 de diciembre de 2008

SOMOS INSIGNIFICANTES

Por suerte existe internet y tenemos la información de lo que nos interesa al instante, delante de nuestras narices.
Pero nos podemos confundir, al poseer de forma súbita la información, y pensar que somos capaces de comprender y de absorber tanto cumulo de datos, con solo tener acceso a ella.
Tener acceso al mundo y a la información a través de internet, de CDs o libros no significa que comprendamos esa información. La globalización nos acerca, no nos exime del proceso de indagar y aprender.
Ante la impotencia de poder abarcar tanta información, algunas personas se vuelven dogmaticas y quieren simplificar el mundo, en el afán de entenderlo. “Esto es así o asá”, “de esta manera o de otra”, “esto es lo bueno y esto lo malo”, “esto es lo verdadero”, “esto es lo autentico”.

Cuando uno comienza una actividad cualquiera para aprender, se tiene el deseo de abarcar la disciplina que se está practicando. Se pretende entender y comprender la información que se imparte en un tiempo razonable. Depende de la cantidad de horas que se le dedica a la actividad y de la calidad de los profesores.
Existe un tercer factor: el nivel de madurez en la actividad. Algo que se consigue solo con el tiempo y la práctica.
Se requiere tiempo y paciencia para poder avanzar en el aprendizaje, dependiendo también de las dos variables anunciadas anteriormente.

A veces, las disciplinas que uno intenta aprender, suelen ser tan grandes que no se pueden abarcar en pocas lecciones o en pocos meses…o en pocos años.

Cuando nos encontramos con un género musical como el Tango, y se convierte en una actividad que nos llega a gustar, y a apasionarnos, intentamos introducirnos en sus galerías. Intentamos mimetizarnos con su magia. Queremos conocer sus secretos.

Pero a veces, el caprichoso deseo de poder acaparar la realidad hace querer simplificar lo que vemos. Intentar minimizar lo más posible las variantes que existen de la disciplina para que, a vuelo de pájaro, comprender la naturaleza, los contenidos, sus clasificaciones, etc.

Con el Tango sucede lo mismo que con todas las actividades. Los alumnos que comienzan a bailar, tienen el justificado hambre de aprendizaje y necesidad de comprensión para tener lo que comúnmente se llama “idea clara” de la actividad.
Hasta ahí, todo perfecto y comprensible. Pero a veces, algunas disciplinas son más grandes de lo que nos pensamos. Que representan cosas que tal vez ni imaginamos. Y en el caso del tango, representa mucho más que un simple cumulo de figuras.

El tango representa tiempo (época), un lugar, una situación, una cultura, gente, una cadencia al andar, sentimientos, un carácter propio, un estado de ánimo, una idiosincrasia, etc. Demasiadas cosas. No voy a ser yo el que delimite en palabras lo que significa el Tango.

Haciendo referencia al carácter dogmatico que adoptan aquellos que sienten la impotencia de poder abarcar todo lo que implica y significa un fenómeno a nivel mundial como el Tango, tienden a simplificarlo lo más posible, negando desde su magnitud, pasando por clasificarlo y rotularlo a base de definiciones, o directamente, negando hasta su origen.
Es tan difícil pretender simplificar al Tango en pocas palabras o en esquemas de movimientos, como pretender despojarlo de sus raíces y aislarlo de todo lo que lleva, de forma implícita, consigo.
Tantas canciones, tantas letras, tantas orquestas, tantos estilos, figuras, sistemas, espectáculos, músicos, cantantes, cada tango que suena en las infinitas milongas del mundo, tantas historias que nacen y mueren entre hombres y mujeres…
Lo único que podemos hacer frente a tamaña magnitud es sentirnos insignificantes, y aceptar de que el Tango es de por sí, más grande de lo que podemos imaginar.
Tener años de aprendizaje, por más horas que uno se comprometa con la actividad, hace imposible abarcar las realidades del tango en su totalidad, por todo lo que implica.
Así también, no se puede olvidar el origen ni los actores que dieron nacimiento a este género, ni a los pilares que lo sostuvieron y sostienen a lo largo de las décadas.

Existe una rapidez irritante a la hora de emitir juicios con respecto al continente y contenido del Tango.

Formas de acotar al tango:

1 - Existen profesores, bailarines, a los cuales no les salen determinadas figuras, o no les gustan, o no se adaptan a su estilo, o no tuvieron la paciencia necesaria como para incorporarlas a su baile. Entonces optan por delimitar el baile alegando que practicar esas figuras no entran en lo que denominamos tango (Ej.: Hay mucho profesores que no enseñan los ganchos diciendo que eso no forma parte del autentico tango).
Cuando son profesores los que adoptan esta postura, hace que los alumnos mantengan esa misma teoría excluyente con algunos pasos, figuras o variantes que no les caiga simpático o que no les salga.

2 - Con respecto al baile, como profesor y bailarín, ya tiré la toalla hace años, al comprobar que me era imposible intentar ordenar y clasificar lo inclasificable: la imaginación.
Cuando quería tener las ideas más claras, y tener los contenidos amarrados para poder controlarlos, se me abrían puertas constantemente, con nuevas variantes y posibilidades, sorprendiéndome a cada momento.
Imposible subestimar la capacidad, ya no de un profesor, sino de un alumno, de inventarse distintas variantes porque a su mente se le abrió una ventana con la posibilidad que como profesor no la había computado.

3 - Hace un tiempo, leí en un pasquín informativo de Tango, a un personaje vasco que decía que el tango ya había dejado de ser argentino. Lamentamos que el tango no haya nacido a la vuelta de su casa. Pero negar que el tango haya nacido en el Rio de La Plata, y negar que encierra en su esencia lo que mujeres y hombres de esa época dieron a nacer, y que sus letras hablen de sus sentimientos, de sus penas, de sus vicisitudes, de sus personajes, y, por sobre todas las cosas, negar que el tango, que ha evolucionado de manera espectacular en los ultimos 20 años, sigue hablando del movimiento, del andar, del carácter del argentino de hoy, es querer negar una característica innata de un género musical y una danza que es la expresión propia de una cultura, inestable política y socialmente, de una historia turbulenta, pero de una cultura al fin y no de otra.
No es por sacar el orgullo nacional ni por henchir el pecho e izar la bandera. Pero se corre el riesgo de comprender aún menos al Tango como fenómeno si se le excluye su condición de haber nacido en un lugar y en circunstancias determinadas.
Es cierto que el tango ha dejado de ser exclusivo de los argentinos, pero eso desde hace mucho tiempo. Casi desde que existe ya había cruzado las fronteras encandilando a muchísima gente en el exterior.

4 – Existen numerosas -e ingeniosas- frases que definen al tango en pocas palabras.
“Es un sentimiento que se baila”
“Es la expresión vertical de un deseo horizontal”
Pero son…eso: frases. Por más que inventen, no creo que puedan encontrar una frase que abarque lo que el Tango representa en su totalidad. Lo digo por los que se memorizan una de esta frases a modo de titular, para, a partir de allí centrar su razonamiento, y creer que se encontró la clave de su encanto, la llave magistral de todos sus secretos. No creo que haya frase que pueda sintetizar lo que, física y emocionalmente, sienten las personas al interpretar el Tango, en cualquiera de sus facetas.

Triste, aquellos que piensan que el tango no les tiene preparada una sorpresa.
Triste, aquellos que se creen la autoridad moral del tango solo por haber entrado en este mundo y haber ahondado un poco en sus contenidos.
Triste, aquellos que sienten impotencia porque no pueden aceptar que el Tango es demasiado grande para abarcarlo en su totalidad, cuando realmente, no es necesario.

Guillermo Alvarez

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sábado, 13 de septiembre de 2008

PRECONCEPTOS EN EL TANGO

Para los alumnos se hace difícil hacerse una idea de cómo bailar el tango, tener una noción clara acerca de lo que es un equilibrio entre todos los contenidos que se aprenden en las clases.
Después de las primeras lecciones, donde se aprenden los pasos básicos, a moverse en la pista, a conocer las reglas del juego, las marcaciones, etc, nos adentramos en el mundo de las figuras, que a partir de un movimiento básico, encadenamos movimientos, intentando crear un todo estético, coordinado y vertiginoso.
A los años de aprendizaje, nos damos cuenta que tenemos en el haber, numerosas figuras. Podemos tener claro donde nacen y como terminan, pero se nos alborotan en la cabeza como un sinfín de alternativas. Y preocupa el alumno que acumula clases, y por lo tanto, contenidos, y no acude a la milonga por diferentes motivos. A veces, preconceptos que en la mayoría de los casos son erróneos.
Por eso es necesario poner en claro algunas ideas para ir despejando dudas acerca de la naturaleza de este baile.

Primero: A medida que avanzamos de nivel en las clases, acumulamos figuras. Cada vez mas figuras y cada vez mas complicadas.
Dentro de la clase se distingue inmediatamente al alumno que aparte de acudir a las clases, acude a la milonga, al menos, una vez a la semana, para practicar lo aprendido.
Es notable como se logra asimilar lo que se trata en clase con un estimulo más de baile en la semana.
Entonces, en las clases generales, donde acuden grupos de parejas, se van diferenciado entre si aquellas que toman la costumbre de acudir a las milongas, de las que, por diferentes motivos, no van.
Hay parejas que no piensan ir a la milonga hasta que se tenga una completa seguridad de cómo manejarse en la pista, y tener una idea clara acerca de los contenidos.
Lo que sucede es que se espera demasiado y lo ideal sería intentar practicar lo aprendido desde el primer día de clases.
En definitiva, una persona puede tomar clases durante años. Pero la verdad que el primer día que vaya a la milonga, va a ser su primer día por más que lleve años tomando clases, y tendrá las mismas inquietudes y las mismas trabas que las personas que pisan por primera vez una milonga.
Hay quienes piensan que ese doble estimulo semanal se tiene que traducir en una segunda clase. Pero si fuera así, tendríamos el doble de contenido acumulado en la cabeza y por lo tanto, doble trabajo en su posterior asimilación.
Aunque los profesores queramos proporcionar un guión para ayudar a los alumnos a moverse por la pista, no se puede ir en contra de la esencia de este baile puramente improvisado, en el que tiene que primar la imaginación y la interpretación. El profesor puede dar pistas, nociones, pero en el desarrollo de la libertad de posibilidades que proporciona el tango, es responsabilidad del alumno jugar con las alternativas que ha aprendido en clase.
Hasta que la experiencia no se venda en pastillas, se hace imperiosa la necesidad de practicar lo aprendido en la sala de baile, para encontrarle sentido a lo que se va viendo posteriormente en clase.

Segundo: Cuando los alumnos acuden a bailar por primera vez, algunos tienden a mirar en vez de bailar, hasta llegar a los que no dan un paso en toda la noche y se han quedado mirando, por miedo al ridículo, a los que bailan sin complejos por la pista.
“Había mucho nivel”.
Cuando se comienza a ir por las milongas, cualquiera que aparece en la pista tiene “nivel”. Esto puede condicionar de modo absurdo la confianza de los principiantes, que hasta que no eliminan la barrera de la vergüenza, no logran sentirse cómodos en la milonga.
Aparte, comienzan a confundirse las ideas de lo que se imparte en clase con lo que realmente se ve en la milonga.
Los alumnos ven como las parejas bailan “apiladas”, sin tener en cuenta que el tema de la postura, el acercamiento, es algo que se va madurando con el tiempo y la práctica.
No se puede enseñar a una persona que no domina su propio eje a que comparta eje con su pareja. Eso provoca vicios posturales irreparables.
Pero a la clase siguiente, después de lo visto en la milonga, los alumnos quieren saber porque están aprendiendo distinto de lo que comúnmente se baila. Deben comprender que el tema de los niveles se debe respetar al máximo, no por una cuestión de jerarquía, sino porque quemar etapas en el proceso de aprendizaje puede tener como consecuencia errores posturales y de movimientos que serán difíciles de corregir.
Cuando se comienza a bailar, se tiene que mantener una postura que nos permita estar cómodos y que podamos controlar el peso del cuerpo en eje, o sea, en un pie, haciendo equilibrio. Una vez que se tiene dominio del cuerpo suficiente para mantenerse en un pie y poder girar sobre este sin perder el equilibrio, es posible la búsqueda del acercamiento de la pareja hasta bailar apilados.
Las consecuencias de aquellos que aprenden primero el acercamiento de los cuerpos sin dominar su eje las soportan la pareja, que tiene que aguantar todo el peso de la falta de equilibrio del primero.
Es normal que el alumno que ve bailar a los demás, acercando los cuerpos, sienta deseos de hacer lo mismo, pero debe pasar primero por una etapa de aprendizaje en la cual sepa dominar el propio cuerpo sin que la pareja sufra el peso extra que provenga de un desequilibrio.
Por lo tanto, tiene que pasar primero por la etapa de un abrazo abierto y un abrazo medio, mas cercano, antes de pasar a entrar en contacto los cuerpos como en el apile.

Tercero: “Los bailarines no se desplazan”. Al principio, es necesario que los alumnos comiencen a desplazarse por la pista. Es más fácil un desplazamiento que una figura. Pero aparte de eso, los alumnos tienen que saber que la línea de baile se respeta y que se debe recorrer ese borde de la pista con desplazamientos.
El bailarín que lleva años de experiencia, tiende a hacer figuras en el sitio, a disfrutar los silencios, a moverse con lentitud en algunos momentos para atacar luego con alguna figura. Eso lleva tiempo de aprendizaje y de práctica. Y lo que se ve como movimiento sencillo (a los ojos de un principiante) puede ser, tal vez, algo muy complicado de ejecutar. Lo que sucede, es que el buen bailarín, lo hace sencillo.
El profesor puede insistir en que miren menos y que bailen mas. Pero a veces se hace imposible que el alumnado se dedique a bailar y no mire, ya que queda absorto con los movimientos que los bailarines experimentados realizan sobre el parquet.
En realidad, lo que no entiende el alumno, es porqué se tiene que desplazar si el resto de las personas hacen figuras en el sitio. La verdad es que en un principio, es necesario que se desplace y en determinadas ocasiones haga la figura que le apetezca, pero cuando se quedan practicando una figura en el mismo sitio durante mucho tiempo, porque le gusta o porque no le sale, se tapona la línea de baile impidiendo la circulación de los bailarines.
Sucede en sitios donde los alumnos han visto el tango como acumulación de figuras y se quedan estáticos en un lugar de la pista, haciendo de memoria lo aprendido durante las clases. Una figura detrás de otra. Cuando van a una milonga verdadera se ve que desentonan con la mayoría porque no siguen la misma dinámica en la pista.

Cuarto: “Tengo un lío de figuras en la cabeza impresionante”. Es normal que después de meses y años de aprendizaje, tengamos un cúmulo de figuras de tango bastante grande.
En realidad, el bailarín, cuando se manifiesta en el baile, utiliza un número limitado de recursos. Los que más le gustan, o los que mejor salen.
El profesor, imparte numerosos contenidos. Incluso lo que no le apetece practicar cuando él mismo va a bailar. Imparte contenidos para todos los gustos, para que el alumno elija que figura o desplazamientos o juego de piernas que va a formar parte de su repertorio.
¿Cuántas figura forman parte del repertorio de un bailarín cuando se pone a improvisar en la pista? ¿10? ¿20? ¿30?. No se sabe. Lo que sí se sabe es que cada uno tiene una cantidad de movimientos que practica constantemente. Esos movimientos se van cambiando por figuras nuevas que le parezcan más atractivas, más modernas, etc. Deja de hacer algunas del repertorio para incluir otras.
Entonces, el alumno, de todo lo que va viendo en clase, en vez de hacer un recuento de las figuras que ha visto (a modo de inventario), lo que tiene que hacer es practicar hasta encontrar las figuras con las que realmente se siente cómodo. A crear su selección. A proporcionarle estilo al baile a través de esas figuras. Es el camino a seguir para disfrutar el tango. No sale del ejercicio de memoria de la extensiva cantidad de movimientos vistos en clase. Sale del disfrute de aquello que hemos elegido para sacar a relucir en la pista.
Después, con el tiempo, y escuchando la música, nos damos cuenta que hay figuras para cada estilo de baile, y de que el carácter del tango que estamos escuchando nos imprime una forma de bailar, nos exige una dinámica y se va produciendo una selección natural de movimientos, de figuras apropiadas para cada momento.
El escuchar tango a menudo nos ayuda a predecir los impulsos que la música va a producir en el siguiente instante. La familiaridad con el tema musical nos permite mayor posibilidad de creación. De ahí la necesidad de ir a bailar y escuchar tango, para conocer sus temas y saber que hacer a cada momento.

Quinto: “Había mucha gente mirando”. Generalmente, en las milongas bien concebidas, la gente va a bailar y no a mirar. Llaman la atención, aquellas parejas o bailarines que han depurado la técnica, y con fineza, nos dejan embobados con sus movimientos.
Pero el tango es un baile “de adentro” donde los que bailan están enfrascados en la comunicación con la pareja y los que no están bailando, vigilando a quien van a sacar a bailar al tango siguiente.
No es un ámbito donde la gente vaya a sentarse a ver bailar a los demás. Por lo que no tiene que temer el bailarín poco experimentado, que lo van a estar registrando a ver si se equivoca o no.
El que acude a una milonga es porque sabe bailar, mucho o poco, no porque pasaba por allí y se sienta en la mesa a tomar un café y ver la gente pasar.
El miedo al ridículo es muy propio, muy personal. Los bailarines con experiencia se apresuran a minimizar las ideas absurdas de los principiantes, sin acordarse de que ellos fueron en su momento, victimas de los mismos temores.
Pero no deja de ser una idea sin fundamento. Cuando salimos a bailar nos da la sensación de que todo el mundo nos observa, pero no es más que una sensación, ya que el resto de los bailarines, hombres y mujeres del tango están pensando en su propio tango. En el que bailaron, bailan o bailarán.

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domingo, 18 de mayo de 2008

PARA COMPRENDERSE

¿Cuantas veces discutimos cuando estamos intentando sacar una figura?. ¿Cómo podemos llegar a llevarnos bien en todos los momentos de la semana y llevarnos tan mal en esa hora de clase?.
Si le queremos encontrar una explicación rápida, con facilidad nos apresuramos a decir que nuestra pareja no nos entiende ni tiene la menor intención.
Pero desde otro enfoque, comiencen por fijarse si hacen alguna otra actividad juntos en la semana. Tán juntos, quiero decir. Puede ser que esta sea la única. Es el único momento en el cual tienen que dialogar de una forma fluida y por un buen rato.
Puede ser que todas las tensiones y todas las ganas de decirnos las cosas se materialicen en el único momento que tenemos para ponernos cara a cara. Y nuestros desacuerdos se ponen de manifiesto a traves de los pasos de baile.
El baile te desnuda, te muestra tal cual eres. Tus defectos y tus virtudes. Tu paciencia y tu temperamento. Te muestra de una forma precisa tu estado en ese momento. Si estas tenso, nervioso, eufórico, tranquilo o contento.
Tu espalda, tus brazos y tus manos no hacen otra cosa que evidenciar tu estado anímico. La paciencia se pone a prueba a traves de cada repetición, y la tolerancia rinde examén en el momento de asumir las culpas.
El diálogo que mantenemos con los cuerpos es idéntico al de una conversación oral. Cuando charlamos con la gente nos damos cuenta de aquellas personas que nos escuchan, las que nos interrumpen antes de que terminemos las frases, las que hablan sin dejarte decir nada y aquellas que respetan los tiempos de los demás para que ambos nos sintamos participes de la conversación. Cuando dos cuerpos intentan bailar, se están escuchando mutuamente, esperando en ocasiones el momento oportuno para actuar y expresar de la mejor forma posible la respuesta mas acertada.
Realmente, el baile es el último que tiene la culpa. Y si hablamos de baile social, todos tenemos la capacidad como para poder acceder a ellos sin demasiada dificultad. La tarea del profesor es fundamental para ofrecerte la materia de una forma sencilla, pero nada puede hacer cuando no hay una predisposición para entenderse y escucharse en la pareja.
No creo que el baile salve divorcios ni que los cree. Simplemente manifiesta un estado en el cual es necesario aportar nuestro lado mas humano (haciendo referencia a aquello que nos diferencia del resto de los mamiferos) haciendo uso del habla de una forma que no ofenda y nos haga entender cada vez más a la otra persona.
O sea, para conocernos mejor. Muchas gracias.